¿Te comieron las deudas? Tranquilo, hay salida
Si a fin de mes mirás el resumen de la tarjeta y sentís que el piso se mueve, no estás solo. En Argentina, con una inflación interanual que en julio de 2026 se ubicó en 33,8% (acumulando 19,3% en lo que va del año) y tasas de interés en tarjetas de crédito que pueden llegar al 72,56% TNA (tope BCRA vigente para el ciclo de julio 2026), endeudarse sigue siendo un riesgo constante. Pero la buena noticia es que, con orden y un plan concreto, se puede recuperar el control.
Primero lo primero: saber exactamente cuánto debés
Parece obvio, pero la mayoría de la gente evita mirar los números de frente. El primer paso es hacer un inventario completo de deudas: tarjetas de crédito, préstamos personales, cuotas de electrodomésticos, deudas con familiares o amigos. Todo. Anotalo en papel o en una planilla, con el monto total, la tasa de interés y el pago mínimo mensual.
Este ejercicio duele, sí. Pero es imposible trazar un camino si no sabés dónde estás parado. En un contexto donde una deuda en cuotas fijas se licúa parcialmente con la inflación, pero el saldo no pagado de la tarjeta se financia hoy a tasas de hasta 72,56% TNA (según la Comunicación «B» del BCRA vigente en julio 2026), entender qué tipo de deuda tenés cambia todo.
El método para atacar las deudas: bola de nieve o avalancha
Existen dos estrategias clásicas para pagar deudas de forma ordenada:
Método bola de nieve: empezás pagando la deuda más chica primero, independientemente de la tasa. La idea es acumular victorias rápidas que te motiven a seguir. Ideal si necesitás impulso psicológico.
Método avalancha: atacás primero la deuda con la tasa de interés más alta. Es matemáticamente más eficiente y te ahorra más plata a largo plazo. En Argentina, donde financiar el mínimo de la tarjeta puede implicar un Costo Financiero Total bastante superior a la TNA nominal (por IVA, seguros y gastos administrativos), este método puede marcar una diferencia enorme. Conviene siempre mirar el CFT del resumen, no solo la TNA.
Armá un presupuesto real, no uno aspiracional
Otro punto clave es construir un presupuesto basado en lo que realmente ganás y gastás, no en lo que te gustaría ganar o gastar. Separar gastos fijos (alquiler, servicios, comida) de gastos variables (salidas, suscripciones, ropa) permite identificar dónde se escapa la plata.
Con el ingreso promedio neto formal rondando entre $1.300.000 y $1.800.000 pesos mensuales según la provincia (Gran Buenos Aires cerca de $1.387.000, CABA por encima de $1.780.000, según datos de OEDE a febrero de 2026), y el costo de la canasta básica total para una familia tipo de 4 integrantes en $1.564.716 pesos (INDEC, julio 2026), el margen sigue siendo ajustado. Por eso cada peso que se redirige al pago de deuda cuenta.
Negociá, no te escondas
Si la situación está complicada, hablar con el acreedor siempre es mejor que ignorarlo. Los bancos y financieras suelen tener planes de refinanciación, quitas o cuotas especiales. Esconderse solo genera más intereses, más mora y más estrés.
Recuperar el control financiero no pasa por ganar más (aunque ayuda), sino por gastar con intención y atacar las deudas con estrategia. En un país donde la economía te pone a prueba todos los meses, tener un plan es, literalmente, una ventaja competitiva.
